Manurga es una de las localidades más
ricas en historia de la hermandad de Zigoitia.
Fue un enclave importante en las efemérides
medievales por encontrarse en una de las rutas,
vías o caminos de mayor tránsito
que comunicaba Gipuzkoa (Salinas de Léniz)
con Bizkaia (Orduña) a través de
Araba (Zigoitia y Zuia).
La población de
Manurga aparece citada por pimera vez en un documento
escrito en el año 1257. No obstante, es de suponer que sus orígenes
se remitan a épocas anteriores, si se tiene en cuenta su emplazamiento
y los datos históricos de otras aldeas conlindantes.
Alcanza su importancia
en los siglos XIV y XV con motivo de las famosas luchas banderizas que alcanzaron
a la mayor parte de la actual provincia alavesa,
así como
a los territorios vecinos de Gipuzkoa y Bizkaia.
En esta época mandaban "los
señores" que acaparaban el
poder político y tenían pequeños señoríos
con tierras y campesinos bajo su potestad. Estos ejercían su potestad
especialmente sobre las rutas y caminos comerciales que pasaban por su
señorío,
ya que proporcionaba importantes beneficios.
Esto dio lugar a que en los
lugares estratégicos, para salvaguardar esas
rutas y sus tierras, construyeran torres y casas fuertes como garantes
del poder de su linaje, y de las que en Manurga aún quedan vestigios
importantes.
Gamboínos y Oñacinos
Estas luchas banderizas entre gamboínos
y oñacinos, que según
los historiadores tuvieron su origen en este territorio aunque pronto
se extendieron a los diferentes linajes de todo
Euskadi, alcanzaron también a Manurga,
partidaria de uno de los bandos, el representado por los Mendoza (oñacinos)
en contraposición del gamboino encarnado por la tendencia navarra
de los Guevara, que tenía su torre en Legutiano. Los linajes
locales tomaron partido en estos enfrentamientos, que se mantuvieron
hasta el siglo XVI.
Estos bandos enfrentados fueron perdiendo fuerza
con la fundación de las
villas realengas y el consecuente afianzamiento del poder monárquico
y de las Hermandades.
A partir del siglo XVI, la atracción
de las tierras de ultramar (sobre todo de América) fue notable
en Manurga, de donde partieron numerosas personalidades que desempeñaron
papeles de importancia en los campos de la administración
y de la religión especialmente.
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| Fuente vieja, antigua ubicación
de la Torre Iturrizar. |
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Entre
estos, son dignos de mencionar los linajes de los Hurtado de
Mendoza, Martínez
de Murguía, Ruíz de Apodaca y otros.
Expansión
del euskara
Sin embargo, la población de Manurga fue en declive a
partir de la segunda mitad del siglo XVI. En la matrícula
de fogueras de 1590, el número
de vecinos había descendido a 55, y en 1682 a 36.
Por entonces,
los habitantes de Manurga hablaban euskara. Algunos con tales
dificultades para expresarse en castellano que este
hecho creó serios problemas al
fraile profeso y al caballero de Santiago que, en 1668, recogían
declaraciones sobre la limpieza de sangre e hidalguía
de Juan de Santa Coloma y Ortiz de Iturrizar pretendiente al
hábito de la orden. Por ello, según
consta en los archivos, necesitaron la "asistencia de
intérprete
por no saber hablar romance castellano algunos de los testigos
interrogados".
Después de 1682 y durante el siglo
XVIII, la población de Manurga
volvió a experimentar un ascenso. Vivían entonces
en la aldea 60 vecinos, todos ellos labradores, con tres
clérigos
al servicio de su iglesia y una población total de
240 habitantes, según consta en el diccionario
de la Real Academia de la Historia, publicado en 1802.
Invasión
francesa
La Guerra de la Independencia tocó de lleno a Manurga
y ocasionó graves
dificultades a sus vecinos. Las tropas francesas, acantonadas
en el pueblo, establecieron su puesto de guardia en el
pórtico de la iglesia, en la que "encendieron
grandes hogueras y causaron graves daños",
según consta en
los archivos.
Además de tener que hacer frente a
las exigencias que el asiento de los soldados imponía
a los habitantes del lugar, obligados a su manutención.
Esto llevó a que las arcas del Ayuntamiento se
vieran seriamente dañadas
(enajenación de bienes comunales, cosechas, etc).
Cuando
apenas se recuperaba de los efectos de la guerra, los
vecinos de Manurga, así como de todos los pueblos
conlindantes, ven cómo surge un nuevo
conflicto bélico de mayores consecuencias: las
guerras carlistas, que enfrentaron a estos con los
liberales. La población local, como en gran
parte del ámbito rural, estuvo de parte del
bando carlista.
Guerras carlistas
En la primera guerra (1833-1839) tuvo que afrontar
fuertes gastos de suministros y exacciones, tales
que el pueblo
se endeudó con la parroquia a la que
en 1866 debía 6.089 reales.
Mientras tanto,
la población y consiguiente importancia
económica
de Manurga descendía. Así, al mediar
el siglo XIX sus vecinos se habían reducido
a 48 y los habitantes a 216.
En 1861 vivían
en Manurga 207 personas y el lugar contaba sólo
con dos clérigos al servicio de su iglesia.
Siglo
XX
Durante la Segunda República y en los
plebiscitos celebrados entre 1931 y 1936, gran
parte de los municipios de la comarca son afines
a las ideas nacionalistas,
aunque también tuvieron su importancia
los carlistas de Oriol.
Y su población
seguía descendiendo. Así, al dar
comienzo el siglo XX vivían en Manurga
141 habitantes de hecho; en 1910, 130; en 1930,
119; y en 1950, 126. Pero será a partir
de los años 50 y
especialmente tras el Plan de Estabilización
(1959) y el consecuente crecimiento económico,
cuando se produzca en toda la comarca la absorción
de los centros urbanos y el éxodo rural
que afectó también
a Manurga.
En 1970 los edificios destinados a
vivienda eran veintiséis con una población
de hecho de 69 habitantes. El nomenclátor
foral de 1979 recogía
un total de 57 habitantes; el de 1982 alcanzaba
a 63; y el de 1988 sólo
37. En 1993 había 48 habitantes de hecho
y en 1999 subía a 55.
En el censo del 2001 continuaba su descenso a
53 vecinos. |