Orígenes de la
Parroquia
El edificio de la iglesia
parroquial de Santa Martín en Manurga
es uno de los templos más destacados de
la comarca y sin duda el más importante
del municipio.
De la parroquia de Manurga se tiene
noticia y
acaso restos ocultos, de un primer edificio tal
vez altomedieval.
Este supuesto viene avalado
por el hallazgo en 1737 de vestigios de sepulturas
a "modo de cajas" y tapas de piedra
como cubierta, como las que se encuentran en
otros lugares
de Zigoitia, lo que denota la existencia de un
cementerio
altomedieval que estaría situado fuera del templo primitivo.
En este
mismo lugar pudo haberse levantado la iglesia actual a partir de los
años
1520-1530, aunque su construcción se extendió a lo
largo del siglo XVII, dotándola de ricas capillas y ostentosos
retablos barrocos.
El edificio que podemos ver hoy es un templo con
planta de cruz latina,
cabecera ochavada y tres capillas, la de San Juan Bautista a la derecha
de la cabecera,
la del Santo Cristo al flanco izquierdo de la misma, y la de la Purísima
Concepción, hoy de la Dolorosa, en el costado izquierdo de la
nave.
El ochavo central se cubre con una bóveda
oculta por el cascarón
del retablo principal; la capilla derecha se cierra asimismo por
una bóveda
gótica tardía; y la izquierda, por una cúpula
barroca.
Los ventanales de la nave responden al tipo de
vanos característicos
del siglo XVI.
Sobre el coro se encuentra una ventana rectangular
abierta a mediados del siglo XVIII para dar luz
al curioso coro-tribuna erigido en
esta fecha.
El pórtico de estilo neoclásico construido
en piedra de sillería
comenzó a erigirse en la década de 1780 y sus obras
duraron hasta 1807.
Respecto a
la torre, ésta se construyó entre
en el último
tercio del siglo XVIII y está formada por dos cuerpos.
El inferior está realizado
en mampostería bien trabajada, mientras que el más
alto es una construcción de planta octogonal con
ocho vanos, cinco de los cuales se abren de cara al pueblo
y sus
barrios.
Su construcción fue promovida por Prudencio
María de Verástegui,
entonces mayordomo de la parroquia y que que más
llegaría a ser
diputado general de Alava.
De las cinco campanas que se
conservan en la torre, las dos mayores son anteriores
a su construcción. Una de ellas, de 1,345 metros
de diámetro en
su boca podría fecharse hacia 1.500 por la inscripción
gótica
que contiene, mientras que la otra, de fines del siglo
XVIII, mide 1,2 metros.
Capillas
Pero si bien es imponente el conjunto monumental
de la iglesia parroquial, no lo es menos la
riqueza que
alberga
en su interior,
donaciones
en su mayoría
de los propios feligreses, destacados y enriquecidos
muchos de ellos en oficios de gobierno, en la carrera
de las armas o como dirigentes eclesiásticos
y comerciantes en las Indias.
La primitiva capilla
de San Juan Bautista se edificó en el lugar
que hoy ocupa la sacristía a partir de 1612
y fue costeada por Juan Hurtado de Mendoza, secretario
del rey Felipe III, cambiándose posteriormente
su ubicación. Es de destacar la reja con
balaustres de hierro forjado y decoración
de cogollos de hojas doradas.
En la capilla se conserva
un cráneo que se atribuye a Santa Ursula,
una de las Once Mil Vírgenes, con una banda
bordada que lo ciñe e
identifica la reliquia.
La capilla del Santo
Cristo se encuentra a lado del Evangelio del
Altar Mayor y guarda en su
interior dos escudos en
relieve, profusamente
ornamentados y con leones tenantes que muestran
las
armas del apellido Martínez de Murguía,
que financiaron su construcción y ornamento.
Es igualmente interesante la verja barroca que
cierra el arco de esta capilla y el retablo barroco.
Dentro
de la nave de la iglesia y cerrada por una verja
de hierro espléndidamente
trabajada se construyó la capilla de la
Purísima Concepción,
hoy de Nuestra Señora de los Dolores,
que muestra en su interior el escudo de los Hurtado
de Mendoza de Manurga timbrado por una calavera.
En sus
paredes
se conservan destacables pinturas barrocas con
motivos religiosos.
Retablos
En la iglesia de Manurga hay siete retablos además
del Altar Mayor. tres en las capillas, dos a ambos
lados del prebisterio, el de la Virgen del
Rosario,
hoy de la Inmaculada, y el de Santa Catalina,
y otros dos en los brazos del crucero dedicados
a San Francisco y Santa Clara. El retablo
mayor, obra de José de Echeverría, y las
pinturas barrocas que se encuentran en el conjunto
son asímismo de gran valor artístico.
De
la misma época, comienzos del siglo XVIII
y por lo tanto barrocos, e igual valor son los
retablos del Rosario, Santa Catalina y el Santo
Cristo.
Ermitas
De las tres ermitas que se construyeron en
Manurga, la de San Juan, Santa Marina y San
Bartolomé, sólo ésta
queda en pie en una ladera del monte cercano
al pueblo.
Se trata de una construcción
rural del siglo XVI con muros de mampostería
y sillería en sus esquinales. En su
interior contiene un retablo con una talla
de la Virgen con Niño perteneciente
al bajo renacimiento romanista de finales
del siglo XVI, y una talla muy popular de
finales del siglo XVII
de Santa Marina.
La devoción a San
Bartolomé tuvo gran arraigo en Manurga.
Aparte de las indulgencias que los fieles
podían ganar el día de San
Martín,
patrono del pueblo, el papa Clemente X concedía
en 1672 además
otras en las festividades de los santos de
mayor devoción en Manurga:
San Juan, Santa Ursula, San Batolomé y
San Francisco.
Ornamentos primitivos
En Manurga se conservan varios restos que,
procedentes de la primitiva parroquia o
tal vez de las ermitas
demolidas, se
encuentran fuera
de la iglesia.
Es el caso de un hermoso
medallón en relieve perteneciente a
una bóveda
gótica y que se encuentra en la
actual sala de juntas del Concejo.
O de
interesantes restos ornamentales, románicos
primitivos y acasos anteriores, que se
conservan en una casa de Manurga propiedad
de la parroquia.
Un siglo de obras
De los numerosos maestros que participaron
en la construcción de este
templo durante más de un siglo,
figuran los canteros Juan Martínez
de Urza y Urriola y Martín Martínez
de Urza Urriola, posiblemente hermanos.
Juan de Lizarazu, que había trabajado
anteriormente en Tolosa y Segura (Gipuzkoa),
y Juan Martínez de Ibargüen.
Así como
los artífices de la cubierta,
Martín Ochoa de Viteri y Diego
de Gorostiza.
Las diez mil tejas empleadas
en el tejado fueron suministradas por
Gabriel de Veguihuri,
Juan
de Zubiegui y Juan de
Salinas.
El 17 de noviembre de 1620, casi
un siglo después del comienzo de las
obras de la Iglesia, se efectuó el último
pago al yesero Juan de Loyo, quedando
pendientes pequeños trabajos en
el prebisterio que se realizarían
cien años después. |